Alberto Cortez

Equipaje – Alberto Cortez

Querido Alberto:
Tuve la oportunidad de conocerte cierta tarde moribunda cuando fuiste invitado a exponer tu arte y trayectoria internacional, en una librería local cercana a nuestro entrañable Guayas.

Eran los tiempos cuando los cafés temáticos estaban en auge. Muchos le apostamos a que aquel “boom” se tradujera en un reencuentro entre la cultura y los guayaquileños.
Lamentablemente fue una puesta demasiado alta: desaparecieron casi imperceptiblemente por efecto dominó.

Lo cierto es que fui “invitado” por un discreto anuncio publicado en nuestro periódico tradicional. Pensé: “claro, es Alberto Cortez…el sitio se va a repletar” Cuán desfasado estuve. Mi mundillo había girado demasiado en torno a mis obsesiones.

Timorato, solitario, mal trajeado asistí al conversatorio. Casi no tuviste público. Unos pocos amigos…
más bien, admiradores, incondicionales y/o comprometidos con la trascendencia. Eso sí: cero prensa. Tu prosa ni capacidad de versificar, no estaban de moda. Intimaste muy bien con el nimio grupo de asistentes ansiosos de deleitarse con tu presencia. Bromeabas sobre tu salud, aunque el sobrepeso te dificultaba respirar.

En cuanto atisbé la oportunidad, me acerqué a pedirte autografiaras mi libro; o sea: tu libro Equipajes. Sorprendido me preguntaste la procedencia, el cómo…”de cuando era pibe”, riposté para agradarte sin conseguirlo mientras revisabas esa edición de 1977. Fue todo genial. Imborrable.

Ahora que lamentamos tu deceso, sé que a más de la anécdota, me concediste una joya aquel atardecer disfrazado con olvidos. Seguro no crees en existencias ultra terrenas ni pavadas parecidas inventadas para paliar el temor fútil a la muerte y la desmemoria. Ni te hace falta. En esta vida sós un inmortal.

Adiós Alberto.