Batalla de Guayaquil

24 de septiembre de 1860: Victoria en Guayaquil.

 

 

Este 24 de septiembre (2018) se conmemoran 158 años de la denominada Batalla de Guayaquil. Fundamentalmente, esta batalla fue liderada estratégicamente por Gabriel García Moreno y comandada militarmente por Juan José Flores quienes, gracias a una alianza imposible de imaginar previamente, no sólo que alcanzaron la victoria en el sitio donde hoy se levanta el parque con ese nombre en Guayaquil, sino que sellaron y cerraron una época de crisis política turbulenta que amenazó con fraccionar mortal y definitivamente al país entero.

En efecto, aquella fue una página de la historia nacional vergonzosamente siniestra donde las ambiciones desde varios frentes, confluyeron para dividir al Ecuador de entonces. El mismo García Moreno había conspirado meses antes con el General Ramón Castilla para derrocar al gobierno liberal del General Robles. Las inocultables ambiciones devastadoras del peruano Castilla (pdte. del vecino sureño) recondujeron las acciones del conservador guayaquileño. Caso contrario, otra sería nuestra realidad.

ESCENARIO HISTÓRICO:

El derrotero egoico de la sociedad ecuatoriana en aquel entonces, los graves problemas políticos, la falta de cohesión y concertación entre los líderes nacionales del poco consolidado y joven país espolearon las ambiciones de Perú y Colombia.

Aproximadamente, desde un poco antes de 1858, Perú se había mezclado en la política interna de nuestra esquizofrénica sociedad. Con el pretexto de ayudar a combatir un mal gobierno, de a poco y peligrosamente pactó para apropiarse de un amplio sector de la parte oriental ecuatoriana.

El presidente colombiano Tomás Cipriano apuntaba a formar parte del plan depredador a través del Convenio de Popayán.

Para agravar el delicado desequilibrio nacional, nuestro compatriota Guillermo Franco se había proclamado dictador en Guayaquil, firmado con Castilla el Tratado de Mapasingue y oprimido a todo el Litoral. Además, la flota peruana bloqueaba el Puerto de Guayaquil y se erigieron cuatro gobiernos antagónicos en Guayaquil, Quito, Cuenca y Loja.

Este escenario terrible necesitaba de un estratega como Gabriel García Moreno quien, con celeridad, recorrió el país para promover un solo frente de lucha ante el peligro, formó un ejército con antiguos oficiales y entusiastas jóvenes, instaló una fábrica de proyectiles y cañones y, conseguidos los recursos, se puso en marcha hacia esta ciudad para liberarla de Guillermo Franco y sus seguidores.

El apoyo del ex mandatario Juan José Flores, fue fundamental para el triunfo de la campaña de García Moreno. En estratégica acción culminó con El Cruce del Estero Salado y el enfrentamiento en las pampas donde actualmente está ubicada la Plaza de la Victoria guayaquileña.

Las escuadras dirigidas por García Moreno derrotaron a las de Franco y obligaron al retiro de los intrusos sureños y su infamante bloqueo. Además, perdió validez el inicuo Tratado de Mapasingue y la patria retomó algo de su paz. Dos días después, García Moreno restableció el uso del tricolor colombiano como bandera nacional y prescindió del bicolor marcista de 1845.

Insistimos con nuestra habitual postura ante ciertos sucesos de nuestra heredad histórica: una página como la de 1860 debe releerse para entender su trascendencia. Actualmente, es un suceso prácticamente olvidado debido (entre otras cosas) a que la imagen de García Moreno tiene mucha resistencia y se ha desvalorado una gesta importantísima para la unidad nacional.

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